 Se ha caído varias veces, tantas, que ha llegado a «ver de cerca a San Pedro». Debe de tener el ex jugador del Betis varias vidas. E irradia precisamente eso, vida. —Voy tirando, poco a poco. Me gustaría que las cosas me fueran mejor; pero es lo que hay y sigo pa´lante. Hace un año, en enero... de 2006, estuve muy grave, casi ya nadie contaba con que saliera de esa. Tenía unos dolores de barriga y aguanté por lo menos cinco días antes de ir al Virgen del Rocío. Fue una barbaridad. Tenía apendicitis y llegué reventado, con cangrena. Estuve un mes en el hospital y me operaron dos veces; me pusieron un ano artificial y me salvé así. Recuerdo los botes de morfina, uno detrás de otro. Nadie pensaba que iba a salir vivo. Me quedé hecho un zombie, con la cara chupada. De 100 kilos pasé a pesar setenta y poco. ¡Uff! Que mal momento. Pero el peor fue otro, cuando entré en una depresión muy gorda. Fue hace cuatro años. Ahí perdí la cabeza. No tenía ganas de seguir pa´lante. Y me planteé de todo, la verdad. Estuve dos años fatal. Con los papeles perdidos, tenía menos tornillos... ¡Qué mal, mal de verdad! Toqué fondo. —¿Y ahora? —Del cero al 100, estoy en el 100. Y todo se lo debo a mi familia. Yo he puesto de mi parte, pero ellos... ¡Uff! Si no fuera por ellos no estaría aquí; los amiguitos que te daban palmaditas en la espalda desaparecieron. Ya no estaban. Mi familia, sí. Hemos llorado mucho, mi padre lo ha pasado fatal. Mi madre es más fuerte. Yo me considero buena persona, siempre lo he intentado y si he hecho algún daño el primer afectado he sido yo. Pero claro, luego estaba la fama... —¿A qué se refiere? —Hubo un momento en mi vida que pensaba que cualquier cosa que pasara iba a ser por mi culpa. Estuve entrenando al Antonio Machado y hubo unas peleas... Pero yo no entré. Había un árbitro muy chulo y empezó a buscarme desde el principio. Y yo lo digo, yo a los árbitros les he dicho de todo menos bonito. Eso lo reconozco yo. Pero de ahí a pegarle... Pues bueno, me echaron dos años. Y a mi padre, que tampoco tuvo nada que ver, le hicieron pagar 20.000 duros. La fama se extendió y la culpa de todo era siempre mía. Si hasta alguna vez que fui a ver a mi hermano jugar contra el Betis B en la ciudad deportiva y algunos al verme empezaban a decirme cosas. Que si Monsalvete pa'quí, Monsalvete pa'llá... Yo no soy un santo, como todo el mundo he cometido fallos, pero no entiendo porqué se me acribilló tanto. ¿Y sabe? Yo siempre he sido el mismo, si esta entrevista me la hubiera hecho cuando jugaba le estaría hablando igual, ¿entiende? A veces prefería reírme, pero había momentos que no podía. Lloraba por ver sufrir a mi familia; no es lo mismo que te digan Monsalvete tal... cuando vas tú solo a que te lo digan cuando vas con tu padre. Él intentaba poner buena cara, como si no pasara nada, pero yo sabía que estaba jodido, se le notaba. Y claro, yo me acuerdo de mucho... de cuando mi padre se despertaba a las cuatro de la mañana para sacar adelante a la familia, ganando 600 pesetas al día. Comencé con una vida muy humilde, llegué al fútbol, donde se podía vivir bien, y he vuelto a la vida de antes, a la humilde. Ahora vivimos todos, mis padres, hermanos, mi mujer y mis cuatro hijos, muy pegados uno del otro. Las casas están a menos de 100 metros una de la otra. Y bueno, sí, económicamente no estoy bien, pero la familia que tengo es... impresionante. —¿En qué trabaja usted? —No, ahora no tengo trabajo. Estuve hasta hace pocos meses trabajando repartiendo productos de Pan Bimbo, panteras rosas, tigretones... Fueron sólo unos meses. Estaba sustituyendo a un trabajador que estaba de vacaciones. He estado de mensajero, de camarero, de albañil. Si me llamaran otra vez los del Pan Bimbo... Era una buena cosa. Me gustaba ese trabajo, había veces que los dependientes me reconocían. "¿Tú eres Monsalvete, el que jugaba al fútbol?", me preguntaban. Claro, como estoy más gordo... —¿Qué le pide a la vida? —Siempre, salud, y de una vez por todas un trabajo fijo, si no es fijo que sea al menos por un tiempo largo. No es fácil estar de un lado para otro. Tengo 38 años y considero que... Si me sale algo con la entrevista le invito a comer (Se ríe). La gente tiene estrés por trabajar, yo tengo estrés por no encontrar trabajo. Si alguien puede encontrar algo bueno para mí estaría muy bien. Tengo cuatro niños, el mayor tiene 20 años, otro de 16, y los pequeños, que son mellizos, tienen 10. Y cuando un hijo tuyo te dice que tiene hambre, tu le pones el plato en la mesa como sea. —¿No invirtió usted el dinero que ganó con el fútbol? —Es que ahora no tiene nada que ver con la etapa que yo viví. Yo gané en cuatro años en el Betis poco más de 11 millones de pesetas; el primer año me pagaron 2; luego, 2,5; el tercer año, 3 millones, y el cuarto, 4. Y luego, el Betis nunca me ayudó, y tampoco he pedido nada, ¿eh?. Bueno, igual una llamada me habría ayudado. Eso sí, el sentimiento bético no me lo quita nadie. —¿Qué le dice a los béticos? —Que sean felices con su Betis. Y de mí... pues igual que mi historia, la que le estoy contando, ya estaba escrita. Que sigo siendo el mismo. No sé, no sé que más decir. —Tranquilo, ha dicho bastante. Mucha suerte. —Gracias por acordarse de mí. |