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Calderón: «A los demás futbolistas les podían aplaudir, pero el silencio era sólo para mí» Imprimir E-Mail
Escrito por Roberto Arrocha   
lunes, 16 de abril de 2007






A Gabriel Humberto Calderón, nuevo seleccionador de Omán, le sigue emocionando recordar el silencio que los hinchas del Betis le brindaban cuando iba a tirar una falta. Desde su habitación, en un hotel en el Golfo Pérsico, con vistas al mar y mientras un empleado intenta encontrarle «el canal donde van a pasar el partido de Qatar», el que fuera ídolo del equipo verdiblanco se muestra a corazón abierto en esta entrevista.

—He llegado a jugar una final de la Copa del Mundo, que es algo único..., pero lo que yo viví en la cancha del Betis fue distinto. Daba la vuelta a la pelota, lo adornaba y se escuchaba el silencio, la grada se callaba, era como el torero cuando se dispone a matar el toro. En Sevilla encontré algo especial, siempre quise quedarme y así se lo dije a Retamero. Tuvo un comportamiento muy triste conmigo, en definitiva, fue triste para el Betis también. No quería irme a Francia y le dije que estaba dispuesto a ganar en siete años lo que allí me daban en tres, con un partido homenaje. Retamero me dijo: «Tráete los 70 kilos y andate». Se jugó con fuego. Todo el dinero que gané lo invertí en Sevilla, tres hermanos viven en Sevilla, no iba de farol. Me quería quedar.

—Y se quedó.—Estaba preparando el futuro, en aquella época no se ganaba la misma plata que ahora, e invertí en un pub. Traje a dos hermanos para que se encargaran... y se casaron con dos sevillanas. Tiran mucho... además del jamón y las gambas (bromea). Otro hermano montó una empresa de remodelación de casas y lleva ya seis años.—Me decía Gabino que con su manera de pensar hubiera llegado lejos.—Yo tuve la suerte de empezar a los 17 años como profesional y hubo gente veterana que me aconsejó bien. Llegué joven al Betis, tenía 23 años, pero estaba maduro. Gabino era de los chicos a los que..., con su espíritu positivo y su alegría por vivir, le di mi opinión. (Se queda callado unos segundos y respira fuerte). Yo le debo mucho a él; recuerdo que una temporada al Betis le pitaron 15 penaltis en un año, creo que debía ser un récord mundial. Metí 10 goles así; los otros los tiró Hadzibegic porque yo estaba lesionado. El 90 por ciento eran por falta a Gabino. —¿Cómo llegó al fútbol Calderón?

—Tenía algunas dificultades económicas... Los directivos de un equipo sabían que jugaba bien en el colegio y me insistieron mucho para que fichara. Como tenía algunos problemas, me invitaban a comer todos los días a casa de uno de ellos. Así empezó todo. En mi familia no había mucho, o jugaba subiéndome a los árboles, o jugaba al fútbol. No teníamos ni balón. Jugábamos con una lata, con el tapón de una botella, con dos calcetines enrollados.

—Su niñez no fue fácil. —Mi vida de niño fue linda y difícil. Yo soy el mayor de nueve hermanos y mis padres, de religión católica, en aquella época tenían a los hijos que le mandaba Dios. Mi madre tuvo ocho en 12 años, era automático. Con cinco años yo ya le daba biberones a mis hermanos, los cambiaba de pañales; con seis acompañaba a mi padre a una granja donde trabajaba. Era de unas monjas y mi padre pagaba el alquiler con los productos que sacaba; luego vendíamos por las casas la leche que ordeñábamos. Mi madre me enseñó a coser, a planchar, a cocinar..., a pintar, a arreglar el jardín; era el ayudante de mi viejo y de mi vieja, no había dinero para pagar a una muchacha y yo ayudaba. Mi año más difícil fue cuando mis padres se tuvieron que ir a vivir a Patagonia; tenía 14 años y no podía irme porque tenía que acabar la Secundaria. Empecé a vivir solo, la situación estaba regular, me dejaban dinero, yo no decía nada..., pero tenía algunos impedimentos. Comía una vez al día y tenía que elegir la hora para pasar menos hambre, tenía dos pantalones, dos remeritas y un jersey... y no tenía libro para estudiar. Se lo pedía a un compañero para que me dejara hacer un resumen cada tarde y luego se lo daba. Me hice amigo de un compañero, que hoy sigue siendo mi amigo, y cuando iba a hacer el resumen a su casa... su familia me invitaba a cenar. Me ayudaron mucho. Las dificultades me hicieron tener un temperamento para saber sufrir y luchar siempre, para salir adelante. Nunca olvidé lo que aprendí; siempre entrené igual, aunque metiera tres goles como hice en Gijón, el primero que llegaba a los entrenos y el último que se iba era yo. —¿Cómo se definiría?—Soy un trabajador. Fui jugador internacional, siendo medio discreto, de Argentina. Con 17 años gané la Copa del Mundo juvenil y con 30 jugué una final de la Copa del Mundo. Ahí se define a un futbolista, un chico que con 17 años triunfa y sigue trabajando. Nunca me creí nada, hay algunos que se creen que han tocado el cielo y nunca tocás nada, podés subir escalones, pero siempre podés ir más arriba. —Maradona pudo estar cerca del cielo, pero ahora parece haber tocado fondo. —Somos como hermanos, nacimos el mismo año y siempre fue un compañero excelente. Diego es una persona enferma, así se pueden entender algunas cosas. Ojalá que llegue algo... porque todos sabemos el final que le viene. No sé cuanto le va a aguantar el cuerpo.—Hace unos días volvió a ser ingresado en el hospital.

—Es que no sé cómo lo dejaron salir; conozco esa historia por la familia. Hay que hacer como hace tres o cuatro años, cuando su gente decidió por él.Hablaron con un juez. Su madre, la mujer, las hijas... y lo obligaron. No sé como está la Ley, pero hay que hacer algo porque lamentablemente sabemos cómo puede acabar esto.

—¿Vio alguna vez un futbolista como Maradona?—Me parece injusto la idea de comparar, hay épocas bien distintas, estaba Pelé, estaba Di Stefano... Eso sí, yo nunca vi a un futbolista como Diego, pero ni de cerca.—Las faltas siempre se han tirado de la misma forma, con barrera y con la misma altura en la portería. ¿Alguien mejor que Calderón?

—Muchos, muchos. Diego le pegaba de escándalo, Platiní le pegaba de escándalo, seguro que me voy a olvidar de gente...

—¿Y actuales?—¿En el fútbol actual? Ahora mismo no sé, no se me viene a la mente ninguno.

—¿Assunçao?

—Lo que pasa es que en los últimos años, por distintas razones, no ha tenido continuidad. Recuerdo que una vez tiré un penalti contra el Zaragoza y lo fallé, estaba molesto porque al final perdimos y yo fui el máximo responsable de la derrota; estaba amargado y me viene un aficionado y me dice: «¿Sabés porque has fallado el penalti?» Le digo que porque lo tiré mal. Y el tío me contesta. «No, hombre, no. Porque no te pusieron barrera». La reflexión me pareció fantástica. Me hizo reir mucho. Tengo muchas anécdotas.—Cuente alguna.

—El día que llegué a Sevilla, no sé si usted se acordará del aeropuerto de entonces, que era muy pequeñito, y me dijo un hincha nada más llegar: «Calderón, de Sevilla no te vas ni con agua caliente». Me pareció exagerado; fíjese 20 años después. ¿Dónde vivo? Bueno, ahora estoy en Omán, pero mi vida circula en torno a Sevilla. También recuerdo que me decía un amigo que fuera a desayunar con él a un bar que no sé yo dónde estaba... Fui y pedí café con leche y tostadas con mermelada. Me dijo que la probara con jamón y tomate. ¿Vos estás loco?, le pregunté; eso para el mediodía. Nunca vi eso en mi vida. Hoy no puedo desayunar otra cosa que no sea tostadas con jamón y tomate.

—¿Y cómo lo hace en Omán?—Bueno, aquí no puedo..., pero le pongo aceite y tomate.—Tras su periodo en Arabia Saudí, le estará suponiendo más fácil la adaptación.

—En los países árabes la pasión por el fútbol es total. A mí me llamó la Federación de fútbol de Omán, pero sé que la última decisión la tuvo el príncipe. He hablado con él y están muy ilusionados con la posibilidad de hacer un buen papel. Vine con la ilusión y el sueño, hay que decir sueño para que no se malinterprete, de meter a Omán en la Copa del Mundo de 2010. No será fácil; en la Liga local hay 12 equipos y todos los futbolistas son amateurs; trabajan, estudian y juegan. El nivel podría ser el de un equipo del Aljarafe de Sevilla, de Preferente más o menos. Tengo un traductor, aunque más o menos me entiendo en inglés. Con el príncipe hablo así. Con la religión no tengo ningún problema porque adapto los horarios de entrenamiento. El único inconveniente, quizás, es que el primer rezo del día es a las cinco y media de la mañana, por lo que te corta el sueño a la mitad; rezan cinco veces al día, así que entrenamos al final de la mañana y por la tarde. Así les permito que duerman algo más.

—Muchas gracias, Calderón. Ahora le dejo yo que duerma tranquilo. —Una cosita antes, me gustaría mandarle un abrazo muy grande a la familia de Manolo Ramírez Fernández de Córdoba. Me acuerdo mucho de él, le tengo un respeto enorme. Recuerdo que cuando llegué a Sevilla me criticaron porque no estaba rindiendo bien. Y Manolo, un tiempo después, escribió un artículo extraordinario, donde venía a decir que se habían apresurado al juzgarme. Reconoció el error. Fue el único periodista que he visto en mi vida que no tuvo reparo en decir lo contrario a lo que ya había publicado.    
 
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