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Escrito por Mateo González
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Sábado 17 de Noviembre de 2012 10:51 |
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Ya no suena la marcha Radetzky durante el calentamiento, pero el sabor permanece intacto. Los más viejos del lugar echan en falta que cada vez haya menos deudas pendientes de derbi a derbi, que los jugadores pasan rápido, sin pararse a echar raíces y pasar de las palabras manidas, de los tópicos socorridos, a los sentimientos. Los aficionados, los que se quedan, pondrán el mismo corazón que siempre para impulsar a quienes le representan, para dejar sus gargantas en un ambiente de fiesta, de orgullo local, de encuentro de toda Sevilla (y otras provincias donde también se siente así) en un recinto en el que se fabricarán los debates, comentarios, chistes, gracias y piques de los próximos cinco meses, hasta que llegue el siguiente derbi. Los niños repetirán con una bola de papel, un balón de reglamento o en la consola las mejores jugadas: el cabezazo de Negredo, la falta de Beñat, el disparo de Rakitic, la parada de Adrián... Porque el derbi mueve a Sevilla y porque todos sentimos un cosquilleo trufado de recuerdos cuando se acerca un evento así.
¿Quién no recuerda el primer derbi que vio en un campo? ¿Quién no tiene una historia que contar? ¿Quién no tiene una teoría sobre lo que va a pasar? Nos alimentamos de derbi en derbi y por eso se sufre tanto cuando no lo tenemos marcado en nuestro calendario. Unas veces ganarán los de Nervión y otras los de Heliópolis, será justo o injusto en función del ojo que lo mire, del corazón que lo palpite, de la crudeza del debate. El derbi pueden verlo folclórico desde lejos, desprestigiarlo en la tan frecuente reducción al absurdo con la que se tamiza mucho de lo que sucede en estas latitudes, considerar que la violencia lo gobierna, pero los béticos y sevillistas tienen la fortuna de saber cómo se siente y cómo se vive, de morderse las uñas adivinando qué pasará, de compartir puesto de trabajo, ocio, familia, piso, habitación o cama con alguien del eterno rival. No hay distinción de clases ni de razas, todos somos iguales cuando nos enfrentamos a un derbi. La rivalidad sana y bien entendida, con su pizca de humor y el peso de la bella historia que nos ha traído hasta aquí. El derbi. |
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Lunes 01 de Junio de 2009 03:02 |
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Lunes 16 de Marzo de 2009 18:29 |
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Quizás muchos béticos se hagan hoy esta pregunta. Lopera, por fortuna ya en su domicilio con el alta médica, es el único que toma decisiones de este calado y no atiende a las razones que le expone su entorno. Elude la respuesta el máximo accionista, aunque si lo hiciera sus argumentos irían por aquí: no está el Betis en puestos de descenso, tiene un colchón de tres puntos con respecto a la zona maldita, no ha habido un resultado catastrófico y, sobre todo, no hay un plan B con nombre y apellidos. Ahí nace y muere la extraña permanencia en el cargo de Chaparro. Simplemente. Ya echó Lopera a Griguol en enero de 2000 cuando el equipo estaba fuera del descenso y no sirvió de mucho finiquitar al argentino. Las últimas finales las ha salvado Chaparro con empates y no con una derrota que pudiera sentenciarle. Y el sustituto más accesible es José María Nogués, un técnico con currículum similar al del trianero —aunque mucho más joven— y que viene del mismo sitio, el filial. Antes de agotar la última bala, Lopera prefiere esperar, esperar. Pero, mientras, el Betis se da cuenta de que es rival directo del Osasuna porque no le puede ganar. Se congratula el técnico por mantener la portería a cero ante el equipo que. con diferencia, menos tantos marca fuera de casa. El Osasuna sólo ha celebrado ocho y nunca ganó lejos de Pamplona. La grada ya se echa encima de un Chaparro que utilizó la previa no para incentivar a los suyos, sino para justificar lo que ya no tenía solución, el partido de Palma. Son doce puntos en quince partidos y una lánguida sensación de hastío, pesadez, incapacidad y... descenso. |
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Lunes 16 de Marzo de 2009 01:35 |
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Quizás muchos béticos se hagan hoy esta pregunta. Lopera, por fortuna ya en su domicilio con el alta médica, es el único que toma decisiones de este calado y no atiende a las razones que le expone su entorno. Elude la respuesta el máximo accionista, aunque si lo hiciera sus argumentos irían por aquí: no está el Betis en puestos de descenso, tiene un colchón de tres puntos con respecto a la zona maldita, no ha habido un resultado catastrófico y, sobre todo, no hay un plan B con nombre y apellidos. Ahí nace y muere la extraña permanencia en el cargo de Chaparro. Simplemente. |
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Lunes 02 de Marzo de 2009 15:37 |
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