¡Betis, Betis, Betis!

Por  9:25 h.

La fuente ha destrozado el cántaro para que los más incrédulos descubran de una vez por todas que el Betis está secuestrado. Cuatro años de penurias con cuarenta mil en la grada. Qué vergüenza. Y las aguas del manantial verdiblanco en el fondo del pozo. Este Betis maniatado, manipulado, manoseado y desbaratado es un pelele en manos de un truhán que se ha quedado sin arropía. Éste no es nuestro Betis del descenso del 89, el de Romo y Recha, el de Calderé y el Pato Yáñez. Este Betis es un nombre esquilmado al pueblo. Aquel de Chano y Gail nos dolía porque se había construido con nuestras fatigas. Este nos duele porque nos lo han robado. Aquel Betis de Rubén Bilbao y López Ufarte, el de los últimos coletazos de Poli Rincón, era nuestro porque estaba hecho con lo nuestro. Pero este Betis que no han sido capaces de rescatar ni Finidi, ni Alfonso, ni Edu, ni Oliveira, éste que se ha ido dos veces a Segunda mientras su dueño, el que nos lo arrebató, se vanagloria de haber sido el mejor presidente de la historia, este Betis no está en nuestras manos. Nosotros hemos hecho siempre lo correcto. Hemos enarbolado el «manque pierda» cuando no había más que tortillas de papas y filetes empanados.

Pusimos bocabajo el Villamarín cuando Mel le metió el gol de la gloria al Sabadell. Llenamos el estadio un miércoles para jugar contra el Marbella. Atascamos la carretera de Burgos en el primer edén al que nos llevó el oligarca. Y abarrotamos Jaén cuando Luis del Sol nos alumbró el camino de la elite por última vez. Pero nuestro aliento no es suficiente porque este Betis hace tiempo que se divorció de nosotros. Se lo llevó a la remanguillé un engatusador que presume de haber salvado a un equipo que él mismo condujo hasta los pies del ciprés. No, béticos, no os sintáis culpables de nada. Gritad el lema de Oselito: «Y si pierde: ¡Betis, Betis, Betis!». Pero sabed que ese Betis al que aclamáis no es el que véis arrastrarse ahora. Si las mieles de la Copa, el nombre del estadio y los fichajes multimillonarios son del engaitador, el fracaso también es exclusivamente suyo. Vuestro Betis, el mío, el único Betis verdadero, está hibernando en algún rincón de nuestras memorias esperando su momento para salir del letargo. El de ayer, el que «salvó» el señor de las tinieblas en 1992, es un impostor.

El Betis de Manuel Ruiz de Lópera y Ávalos es un tejemaneje suyo que nada tiene que ver con el Real Betis Balompié. Por eso, béticos del alma, clamad ahora más que nunca en loor de nuestras trece barras. Porque somos nosotros quienes hemos de convocar la pacífica sublevación de nuestros gritos para recuperar lo que nos han arrebatado. Tarde o temprano, beticismo, se acabará este tiempo de patrañas con las que nos obnubiló un mercachifle para quien pido salud y justicia. Entretanto, vamos a cantar como siempre nuestros vítores y a dejar que el tiempo ponga a cada uno en su sitio. ¡Musho Betis!

Redacción

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